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DON CARLO, de Giuseppe Verdi

DON CARLO, de Giuseppe Verdi

Don Carlo, la ópera de Giuseppe Verdi, continúa la temporada lírica con dirección escénica de Eugenio Zanetti

 

El Teatro Colón se prepara para recibir lo que acaso sea la ópera más ambiciosa de Giuseppe Verdi. El próximo domingo 20 de septiembre a las 17:00 subirá a escena Don Carlo, esta nueva producción de la temporada 2015 que contará con la dirección musical Ira Levin y la direccion de escena, diseño de escenografía y vestuario de Eugenio Zanetti.

 

Se presentarán las cuatro funciones programadas los días domingo 20 de septiembre a las 17:00 y miércoles 23, sábado 26 y martes 29 de septiembre a las 20:00 y dos funciones extraordinarias el martes 22 de septiembre a las 20:00 y domingo 27 de septiembre a las 17:00. 

Con Libreto de Joseph Méry y Camille du Locle, basado en Don Carlos, infante de España de Friedrich Schiller, la ópera se estrenó en el Teatro Imperial de la Ópera de París en marzo de 1867. Esta obra, representando para Verdi la lucha de la libertad contra la opresión política y religiosa, narra los conflictos en la vida del príncipe Carlos luego que su prometida se casara con su padre como parte del tratado de paz que puso fin a la guerra italiana.

Eugenio Zanetti es un artista multidisciplinario de reconocida trayectoria internacional como director de cine, teatro, artes y extraordinario pintor. Su visión y creatividad le han valido algunos de los máximos premios nacionales e internacionales tales como: Oscar de la Academia de Hollywood, el Globe Desk Award, Cóndor De Plata a la Trayectoria y los premios María Guerrero, Trinidad Guevara, Moliere, Talia y varias vecesel premio Estrella De Mar.

 

Luego de ofrecer la ópera de cámara de The Servant en la temporada 2011 del Centro de Experimentación del Teatro Colón, el artista argentino dirigirá por primera vez en la sala principal de nuestro primer coliseo.

Las localidades se encuentran a la venta en la boletería del Teatro Colón, Tucumán 1171 (4378-7109), de lunes a sábado de 10:00 a 20:00 horas y los domingos de 10:00 a 17:00. También se pueden adquirir vía telefónica al 5254-9100. O por Internet ingresandowww.teatrocolon.org.ar. Localidades desde: $105.

DON CARLO  

Ópera en cuatro actos (1867, rev. 1872/1886)

Música de Giuseppe Verdi

Libreto de Joseph Méry y Camille du Locle, basado en Don Carlos, infante de España de Friedrich Schiller, traducido al italiano por Achille de Lauzière y Angelo Zanardini

Nueva producción del Teatro Colón

 

Dirección Musical: Ira Levin

Dirección de Escena, Diseño de Escenografía y Vestuario: Eugenio Zanetti

Diseño de Iluminación: Eli Sirlin

 

Orquesta Estable del Teatro Colón

Coro Estable del Teatro Colón

Director: Miguel Martínez

 

Reparto

Don Carlos: José Bros (20, 23, 26, 29) - Gustavo López Manzitti (22, 27)

Elisabetta de Valois: Tamar Iveri (20, 23, 26, 29) - Haydée Dabusti (22, 27)

Princesa Eboli: Béatrice Uria Monzon (20, 23, 26, 29) - María Luján Mirabelli (22, 27)

Roddrigo: Fabián Veloz (20, 23, 26, 29) - Alejandro Meerapfel (22, 27)        

Felipe II Rey de España: Alexander Vinogradov (20, 23, 26, 29) - Lucas Debevec Mayer (22, 27)

El Gran Inquisidor: Alexei Tanovitski (20, 23, 26, 29) - Emiliano Bulacios (22, 27)

El Fraile: Lucas Debevec Mayer (20, 23, 26, 29) - Carlos Esquivel (22, 27)

Tebaldo: Rocío Giordano          

La voz del Cielo: Marisú Pavón          

Conde Lerma: Arnaldo Quiroga

El Heraldo Real: Iván Maier

 

ARGUMENTO

Época: Reinado de Felipe II, década de 1560

Lugar: España

Acto I

Escena 1: El monasterio de San Jerónimo de Yuste en España

Los monjes rezan por el alma del emperador Carlos V. Su nieto Don Carlos entra, angustiado porque la mujer a la que ama está casada con su padre. Un monje que se parece al anterior emperador le ofrece consuelo de paz a través de Dios. El amigo de Carlos, Rodrigo, marqués de Posa, acaba de llegar de las oprimidas tierras de Flandes y le pide ayuda al Infante para ayudar a este sufriente pueblo. Carlos le revela su amor por su madrastra. Posa le anima a abandonar España y marchar a Flandes. Los dos hombres juran una amistad eterna. El rey Felipe y su nueva esposa, con sus ayudantes, entran a homenajear la tumba de Carlos V, mientras Carlos lamenta su amor perdido.

Escena 2: Un jardín cerca de Yuste.

La princesa de Éboli canta una canción sobre un rey moro y una belleza con velo que resulta ser su esposa. Isabel entra. Posa entrega una carta de Francia (y secretamente una nota de Don Carlos). A petición suya, Isabel se muestra de acuerdo en ver al Infante a solas. Éboli deduce que ella, Éboli, es la persona a la que Don Carlos ama.

Cuando están a solas, Don Carlos le dice a Isabel que se siente infeliz, y le pide a ella que ruegue a Felipe para que lo envíe a Flandes. Ella se muestra conforme y hace que Carlos renueve su declaración de amor para finalmente rechazarla. Don Carlos sale gritando que debe estar maldito. Entra el rey y se enfada porque la reina está sola. Ordena a su dama de compañía, la condesa de Aremberg, que vuelva a Francia, lo que impulsa a Isabel a cantar una triste canción de despedida. El rey se acerca a Posa, cuyo carácter lo ha impresionado favorablemente. Posa ruega al rey que deje de oprimir al pueblo de Flandes. El rey considera la petición poco realista y advierte a Posa que el Gran Inquisidor lo vigila.

Acto II

Escena 1: En el jardín de la reina en Madrid.

Don Carlos ha recibido una nota sugiriendo una cita en los jardines, que él cree que procede de Isabel, pero que en realidad es de Éboli, a quien él, confundido, declara su amor. La disfrazada Éboli se da cuenta de que él cree que ella es la reina, y Carlos queda horrorizado de que ella sepa ahora su secreto. Cuando entra Posa, ella amenaza con decir al rey que Isabel y Carlos son amantes. Carlos impide a Posa apuñalarla, y ella sale con un furor vengativo. Posa le pide a Carlos que confíe en él cualquier documento políticamente comprometido que pueda tener y, cuando Carlos se muestra conforme, reafirman su amistad.

Escena 2: Enfrente de la catedral de Valladolid

Se hacen preparativos para un auto de fe, consistente en un desfile público y quema de herejes. Mientras que el pueblo lo celebra, los monjes arrastran a los condenados a la pila de leña. Le sigue la procesión real, y el rey se dirige al pueblo, pero Don Carlos trae a seis diputados flamencos, quienes le piden al rey la libertad de su país. La gente y la corte muestran su simpatía, pero el rey, apoyado por los monjes, ordena el arresto de los diputados. Carlos saca su espada contra el rey. El rey pide ayuda, pero los guardias no atacan a Carlos. Posa se mete en medio y persuade a Carlos para que entregue su espada. El rey entonces nombra a Posa duque, se prende fuego a la pila de leña y, conforme empiezan a arder las llamas, una voz celestial se puede oír prometiendo la paz para las almas condenadas.

Acto III

Escena 1: En el estudio del rey Felipe en Madrid

A solas, el rey, absorto, lamenta que Isabel nunca lo haya amado, que su cargo signifique que él tenga que estar eternamente vigilante, y que él sólo dormirá tranquilo cuando esté en su tumba en El Escorial. Anuncian al Gran Inquisidor, ciego, de noventa años. El rey pregunta si la Iglesia objetará matar a su propio hijo, y el Inquisidor replica que el rey estará en buena compañía: Dios sacrificó a su propio hijo. A su vez, el Inquisidor exige que el rey mate a Posa. El rey rechaza matar a su amigo, a quien aprecia, pero el Inquisidor le recuerda que la Inquisición puede abatir a cualquier rey. El rey admite que carece de poder para salvar a su amigo y le ruega al Gran Inquisidor que olvide toda la discusión. Éste se marcha. Isabel entra, alarmada ante la aparente sustracción de su cofre de joyas, pero el rey lo presenta y señala el retrato de Don Carlos que contiene, y la acusa de adulterio. Ella protesta que es inocente, y, cuando el rey la amenaza, ella se desmaya. Él pide ayuda. Aparecen Éboli y Posa. El rey se da cuenta de que ha juzgado mal a su esposa. Posa resuelve salvar a Carlos, aunque ello signifique su propia muerte. Éboli siente remordimientos por traicionar a Isabel; esta última, recuperándose, expresa su desesperación.

Las dos mujeres se quedan solas. Éboli confiesa no sólo que ella robó el cofre porque ella ama a Carlos y este la ha rechazado, sino que, aún peor, ella ha sido la amante del rey. Isabel le dice que debe irse al exilio o entrar en un convento, y sale. Éboli, a solas, maldice el fatal orgullo que su belleza le ha causado, elige el convento antes que el exilio, y decide intentar salvar a Carlos de la Inquisición.

Escena 2: Una prisión

Don Carlos ha sido apresado. Posa llega para decirle que será salvado, pero que él mismo tendrá que morir, incriminado por los documentos políticamente sensibles que Carlos le ha confiado. Un guardia dispara a Posa en el pecho. Al morir, Posa le dice a Carlos que Isabel lo encontrará en Yuste al día siguiente, y le dice que está feliz de morir si su amigo puede salvar Flandes y gobernar sobre una España más feliz. Después de su muerte, entra Felipe, ofreciendo la libertad a su hijo. Carlos lo rechaza por haber matado a Posa. Ante esto, el rey expresa a gritos su dolor.

Suenan las campanas, e Isabel, Éboli y el Gran Inquisidor llegan, mientras el pueblo exige la liberación de Carlos y amenaza al rey. En la confusión, Éboli se escapa con Carlos. El pueblo es suficientemente valiente para amenazar al rey, pero quedan aterrorizados por el Gran Inquisidor, y al instante obedecen su enojada orden de calmarse y hacer una reverencia al rey.

Acto IV

El monasterio de Yuste.

Isabel se arrodilla ante la tumba de Carlos V. Se compromete a ayudar a Carlos a cumplir su destino en Flandes, pero ella misma sólo desea la muerte. Carlos aparece y se despiden, prometiendo encontrarse de nuevo en el Cielo.

Felipe y el Gran Inquisidor entran: el rey declara que habrá un doble sacrificio, y el Inquisidor confirma que cumplirá con su deber.

Carlos, llamando a Dios, saca su espada para defenderse de los guardias del Inquisidor, cuando de repente el Monje emerge de la tumba de Carlos V. Agarra a Carlos por el hombro, y en alto proclama que la turbulencia del mundo persistirá incluso en la Iglesia; no podemos descansar sino en el Cielo. Felipe y el Inquisidor reconocen la voz del Monje como la del padre del rey, el anterior emperador Carlos V. Todo el mundo grita horrorizado, y el Monje arrastra a Carlos a la fuerza a la tumba y sella la salida. 




DON CARLO, de Giuseppe Verdi


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