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ONIEGUIN, de John Cranko / P.I.Chaikovski

ONIEGUIN, de John Cranko / P.I.Chaikovski

El Ballet Estable del Teatro Colón junto a Marianela Nuñez 

protagonizan Onieguin, uno de los más bellos dramas coreográficos del siglo XX  

Reposición coreográfica de Agneta y Víctor Valcu.

 

El Ballet Estable del Teatro Colón, bajo la dirección de Maximiliano Guerra, presentará a partir del próximo domingo 11 de septiembre a las 17, Onieguin, del compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski, junto a la participación especial de la primera bailarina del Royal Ballet de Londres, Marianela Nuñez. 

Las cinco funciones programadas tendrán lugar los días domingo 11 de septiembre a las 17, y martes 13, miércoles 14, jueves 15 y viernes 16 de septiembre a las 20.

Esta versión de Onieguin es una producción del Teatro Colón que contará con la dirección musical del maestro Javier Logioia Orbe, al frente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y  la reposición coreográfica de Agneta y Víctor Valcu.

En las funciones del 11 y 13 de septiembre, Marianela Nuñez, primera bailarina del Royal Ballet de Londres, y Alejandro Parente, bailarín del Ballet Estable del Teatro Colón, interpretarán los roles protagónicos de Tatiana y Onieguin. Asimismo, Karina Olmedo yJuan Pablo Ledo lo harán en las presentaciones del 14 y 16 de septiembre y Nadia MuzycaMatías Santos, el 15 de septiembre.

 

Onieguin está basado en el poema de Alexander Pushkin. Su estreno en el Teatro Colón tuvo lugar en 1979 y ha sido bailado por grandes figuras de la danza como Silvia Bazilis, Raúl Condal, Alessandra Ferri y Maximiliano Guerra. Onieguin ingresó al repertorio de nuestro primer Coliseo en 1994.

Con sus memorables dúos, sus ajustadas escenas de conjunto y su exacto ritmo teatral, Onieguin revivirá momentos inolvidables, enmarcados en la genial música de Chaikovski.

 

Las localidades se encuentran a la venta en la boletería del Teatro Colón, Tucumán 1171 (4378-7109), de lunes a sábado de 10:00 a 20:00 y los domingos de 10:00 a 17:00. También se pueden adquirir vía telefónica al 5254-9100. O por Internet ingresando www.teatrocolon.org.ar. Localidades desde: $70.

 

ONIEGUIN

Ballet en tres actos

Coreografía: John Cranko

Reposición Coreográfica: Agneta Valcu – Victor Valcu

Música: Piotr Illich Chaicovski, arreglada y orquestada por Kurt-Heinz Stolze

 

Producción del Teatro Colón

Diseño de Escenografía: Pier Luigi Samaritani

Diseño de Vestuario Roberta Guidi Di Bagno

Diseño de Iluminación: Rubén Conde

 

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

Director Musical: Javier Logioia Orbe

 

Ballet Estable Teatro Colón

Dirección: Maximiliano Guerra

Co-Dirección: Myriam Barroso

 

Principales Intérpretes 

Eugenio Onieguin

Alejandro Parente (11, 13)

Juan Pablo Ledo (14, 16)

Matías Santos (15)

 

Lensky

Federico Fernández (11, 13)

Edgardo Trabalón (14, 16)

Emanuel Abruzzo (15)

 

Madame Larina, una viuda

Virginia Licitra (11, 13)

Claudia Pereyra (14, 16)

Laura Beccaceci (15)

 

Tatiana

Marianela Nuñez (11, 13)

Karina Olmedo (14, 16)

Nadia Muzyca (15)

 

Olga

Natalia Pelayo (11, 13)

Carla Vincelli (14, 16)

Luciana Barrirero (15)

 

Nodriza de Tatiana y Olga

Norma Molina (11, 13, 15)

María Rosa Magan (14, 16)

 

Príncipe Gremin

Vagram Ambartsoumian (11, 13)

Gerardo Wyss (14, 16)

Adrián López (15)

 

ARGUMENTO

Acto l
Escena 1- El jardín de Madame Larina
Olga, Madame Larina y la nodriza dan los toques finales a los vestidos de fiesta que preparan para el próximo cumpleaños de Tatiana. Madame Larina se pregunta sobre el futuro y recuerda su propia juventud y belleza perdidas. Llegan jóvenes del vecindario y mientras conversan se oyen disparos de armas de fuego. Llega Lenski, un joven poeta comprometido con Olga y las tranquiliza diciéndoles que estaban cazando con un amigo de San Petersburgo.
Les presenta entonces a Onieguin, que cansado de la ciudad ha venido a buscar distracción en la campiña. Tatiana, que está llena de románticas fantasías juveniles, se enamora del elegante desconocido, tan distinto de la gente campesina que ella conoce. Por su lado,Onieguin sólo ve en Tatiana a una aturdida joven campesina dominada por las lecturas de novelas románticas.
 
Escena II- El dormitorio de Tatiana
Tatiana, cuya imaginación se ha encendido con impetuoso amor a primera vista por Onieguin, le escribe una apasionada carta soñando con la imagen del hombre amado, la cual es entregada a su nodriza para que se la lleve a su destinatario.
 
Acto II
Escena I - El cumpleaños de Tatiana
Los notables de la comarca llegan para celebrar el cumpleaños de Tatiana. Comentan el enamoramiento de Lenski y Olga y murmuran sobre el incipiente romance entre Tatiana y el recién llegado.
A Onieguin le aburre la compañía, trata de disimular su fastidio y encuentra difícil ser educado con esta gente, además de sentirse irritado por la carta de Tatiana, que considera como una explosión de amor inmaduro. En un momento de tranquilidad, Onieguin busca a Tatiana y mientras le dice que no puede amarla, rompe su carta. El desasosiego de Tatiana le irrita aún más en lugar de inspirarle compasión.
Llega el príncipe Gremin, pariente lejano de la joven. Está enamorado de Tatiana y si bien Madame Larina alienta la realización de este ventajoso casamiento, la joven turbada por sus propios sentimientos apenas le presta atención a su pretendiente.
Onieguin, hastiado, decide provocar a Lenski y flirtea con Oiga, quien se suma a la broma. Lenski toma el asunto con apasionada seriedad y reta a Onieguin a duelo.
 
Escena II - El duelo
Tatiana y Olga tratan de hacer razonar a Lenski, pero los románticos ideales que éste alienta han sido destrozados por la traición de su amigo y la liviandad de su amada, de manera que insiste en que el duelo se realice.
Onieguin mata a su Lenski y por primera vez su frío corazón parece conmoverse ante el horror del hecho. Tatiana se da cuenta de que su amor era una ilusión y que Onieguin es un ser egoísta y vacío.
 
Acto III
Escena I - San Petersburgo
Años más tarde, después de haber viajado por el mundo tratando de escapar a su propia futilidad, Onieguin regresa a San Petersburgo donde es recibido en un baile en el palacio del príncipe Gremin. Éste se ha casado recientemente y Onieguin, asombrado, descubre que su esposa es la distinguida princesa Tatiana, la intrascendente campesina que alguna vez despreció. Siente que ha cometido
un error y lamenta su pérdida, así corno la vida sin sentido que ha llevado hasta entonces.
 
Escena II -. El tocador de Tatiana
 
Tatiana lee una carta de Onieguin en la que éste le declara su amor. De repente, Onieguin se presenta ante ella, impaciente por obtener su respuesta. Tatiana, apenada, le dice que a pesar de que aún siente los ecos de su amor juvenil hacia él, ella es ahora una mujer casada y no podría hallar felicidad ni respeto a su lado. Tatiana le ordena retirarse de su vida para siempre. Onieguin queda sumido en la desesperación.
 

 

COMENTARIO PARA EL PROGRAMA DE MANO

Por Patricia Casañas

“El público va al teatro a ver ballet, y no a leer el programa de mano”, solía decir John Cranko (1927-1973). Esperamos que la tajante sentencia del gran coreógrafo sudafricano, no desanime al lector para seguir adelante con las pistas que aquí le aportamos para saborear mejor esta magnífica obra maestra del drama bailado.

Según el concepto de Cranko, todo debe surgir de la escena, del movimiento, de la actuación, puestos al servicio de la historia que se quiere narrar. Sin virtuosismo infundado, cada personaje debe poder “decir” su  parlamento coreográfico con total claridad y en el tiempo justo.

El factotum del Ballet de Stuttgart dejó un breve pero elocuente repertorio en estes sentido: Romeo y Julieta (1962), Onieguin (1965) y La fierecilla domada (1969). No pocas similitudes encontramos entre la obra de Cranko y la de su amigo Kenneth MacMillan (Romeo y Julieta, Manon): ambos utilizan un lenguaje neoclásico refinado y expresivo que luego sería continuado por John Neumeier (La dama de las camelias).

 

De cartas y espejos

Cranko debió y supo adaptar al movimiento el rebuscado romanticismo desplegado por Alexander Pushkin en su novela en verso Eugenio Onieguin, escrita entre 1822 y 1830, y proveedora de detalles de la vida burguesa de la Rusia de la época. Esta adaptación fue fundamental para la supervivencia de la obra, asimilada a una historia contemporánea.

Cranko se valió de eficaces recursos a la hora de modelar la coreografía de Onieguin, como por ejemplo la utilización simbólica de los espejos. En el primer acto, Madame Larina se mira melancólicamente añorando su juventud perdida; sobre el hombro de Olga apoya su cabeza su enamorado Lensky, reflejándose en el espejo, lo que provoca la alegría de la joven; en cambio, cuando Tatiana observa lánguidamente su propio rostro, la aparición de Onieguin por detrás la conmociona e impacta. En el gran dúo de la escena de la carta, en la habitación de Tatiana, la muchacha ve surgir en sueños a Onieguin de un amplio espejo, por el cual luego desaparecerá. Y será, por último, el rostro de Gremin, su esposo, devuelto por el azogue, el que sobresaltará a Tatiana.

Las cartas también juegan un papel protagónico en este Onieguin. Tatiana destruye un par de borradores antes de completar la esquela definitiva que transportará sus ilusiones amorosas hasta Onieguin, quien no vacila en romperla, y también el corazón de Tatiana. Varios años después, en el último acto, Onieguin le escribe a Tatiana y ésta, a manera de amarga venganza, también destroza la misiva ante la desesperación del protagonista, y la propia.

La obra de Cranko está plagada de aciertos teatrales, como el desgarrador solo de Lensky antes del duelo. Otro logrado momento es el final del primero de los dúos de Tatiana y Onieguin, cuando él se retira caminando, indiferente, y sin darse cuenta retira la mano que Tatiana intenta tomarle a sus espaldas. Todo un símbolo de una relación que nunca podrá concretarse.

El dúo final del ballet, con la música de Francesca Da Rimini Op. 32, es uno de los picos dramáticos más altos de la obra, culminando con la desesperada reacción de Onieguin ante el severo gesto de Tatiana que lo insta a retirarse sin siquiera mirarlo.

 

El “cuarto ballet” de Tchaikovsky

A las partituras escritas especialmente para la danza por Piotr Ilich Tchaikovski (1840-1893)  (El lago de los cisnes -1875-, La bella durmiente del bosque – 1890- y El cascanueces -1892), podríamos agregar perfectamente como ‘cuarto ballet’ este Onieguin.

Cuando John Cranko hizo la coreografía de las danzas de la ópera Eugenio Onieguin de Tchaikovski para la Royal Opera House en 1952, propuso la idea de hacer un ballet sobre la obra de Pushkin, la cual no fructificó hasta su desembarco en Stuttgart. Walter Erich Schäfer, director general de la Opera de Stuttgart, le impuso no utilizar la partitura de la ópera. Kurt-Heinze Stolze (1926-1970), pianista, clavecinista y compositor alemán, orquestó una serie de piezas del compositor ruso, en su mayoría dedicadas al piano y pertenecientes al ciclo Las estaciones Op. 37b. En otros segmentos, fueron elegidos fragmentos de la ópera Cherevichki (Las zapatillas de la zarina, de 1885), y la última parte de la ya citada Francesca Da Rimini Op. 32 para el dúo final entre los protagonistas. Posteriormente, Stolze y Cranko volvieron a trabajar juntos en La fierecilla domada, en 1969, sobre sonatas de Domenico Scarlatti orquestadas por Stolze.

 

Estreno y versiones

Onieguin fue estrenado en Stuttgart el 13 de abril de 1965, con Marcia Haydée, musa de Cranko, como Tatiana, y Ray Barra como Onieguin. La primera representación en el Teatro Colón tuvo lugar durante la gira emprendida por la compañía alemana en noviembre de 1979, que marcó su debut en nuestro país, con las grandes estrellas del elenco: Marcia Haydée, Richard Cragun, Egon Madsen y Susanne Hanke. Durante la segunda visita del Ballet de Stuttgart en 1985, se conocieron La fierecilla domada, Romeo y Julieta junto a la reposición de Onieguin. En la temporada 1994, la obra fue bailada por el Ballet del Teatro Colón, junto a los primeros bailarines Maximiliano Guerra y Alessandra Ferri, y fue el título elegido para la función de despedida de una de las parejas artísticas más perfectas del elenco estable: Raúl Candal y Silvia Bazilis. En 2011 Jason Reilly y Alicia Amatriain, del Ballet de Stuttgart, alternaron en los protagónicos con Maricel De Mitri y Alejandro Parente y con Karina Olmedo y Juan Pablo Ledo, de nuestro Ballet Estable, que lo repuso en 2012.

Onieguin está en el repertorio de una veintena de compañías internacionales, como el Ballet de Hamburgo, el English National Ballet, el Ballet del Teatro alla Scala de Milán, el Ballet Real Sueco, entre otros, y el Ballet del Teatro Colón, quien de este modo conserva en su repertorio uno de los grandes títulos de la historia de la danza del siglo XX.

 



ONIEGUIN, de John Cranko / P.I.Chaikovski


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